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La sensación que queda cuando se está frente a un hecho de reasentamiento poblacional es la de estar ante una realidad, fundamentalmente humana, que por la fuerza de factores externos (socionaturales, sociopolíticos, de desarrollo...) es intervenida generándose otra realidad que, por lo general, es más degradante que la anterior o en la que los seres humanos afectados pierden no solo en lo material sino socioculturalmente y en lo espiritual.
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