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Misterios Dolorosos Mary Navarro
La suerte de América Latina parece siempre repetirse. Un estado general de desdicha en constante rotación, se ha sabido mantener sobre los latinoamericanos, quienes desde los tiempos de la colonia, han visto convertidas sus regiones en plataformas de exportación, para garantizar la demanda de alimentos, combustibles y minerales suntuarios de las potencias coloniales. El modelo económico predominante ha sido el del “monocultivo de exportación”, que se basa en el aprovechamiento de las ventajas comparativas de una región, para implantar la producción exclusiva de un producto, el cual durante el corto y mediano plazo florecerá como un boom, ofreciendo grandes divisas para el entorno y proporcionando empleo a un amplio sector de la población. Los defectos del modelo no se hacen esperar, la absorción de mano de obra barata y sobreexplotada, la dependencia de las cuotas internacionales, la sobre explotación de un recurso hasta lograr su agotamiento y el monopolio de éste a mano de una transnacional en alianza con las oligarquías locales, dejan en el largo plazo un escenario de ruina y desolación, por los vaivenes de los precios internacionales y las demandas en el mercado mundial, que tarde o temprano trasladará su atención hacia otras latitudes. Casos como el de las minas de oro y de plata, lo ingenios azucareros, las compañías bananeras, arruinaron económica, social y culturalmente pueblos como el de Haití, República Dominicana, Bolivia, el sureste del Brasil y por supuesto nuestras “Bananas Republics”. Sin embargo siempre hay una trampa, existe tal vez una trampa ante la cual sucumbimos, el espejismo del progreso y el bienestar social que las compañías transnacionales nos ofrecen. La “creencia de una mejor vida”, de un mejor futuro para nuestros hijos y las generaciones venideras, se inserta en el imaginario social, animada por los discursos de nuestros dirigentes de turno, que repiten una y otra vez cuáles son las “bondades” del modelo. El caso del carbón mineral, que sale por los puertos de Santa Marta y Ciénaga, pone en evidencia que el “Monocultivo” se ha perpetuado, a pesar de la ingente propaganda que el neoliberalismo promueve, para mostrar lo generoso, abierto, diverso y libre que puede ser el escenario económico actual. Así, el dogma sobrevive, las injusticias no distan de ser las mismas, el deterioro causado es ahora a gran escala, haciendo que tal vez las consecuencias no se hagan esperar por tanto tiempo. Es en ese sentido que MARY NAVARRO, nos regala una reflexión estética a través de esta pieza, dispuesta a conjurar un dogma, que más allá de las consecuencias ambientales –aún sin asidero científico claro-, nos conduce al corazón de un fenómeno, enraizado en los principios morales de castigo y de culpa, de salvación y sufrimiento, de redención y pobreza. Y en este imperativo ético, en este reclamo poético MARY ha re-creado un objeto, un objeto que opera en el contexto de nuestras creencias para recordarnos una y otra vez que la imagen es la misma. Texto a prosito de la exposicon "Arte Religioso" en el Museo de Arte de la Universidad del Magdalena. Escrito por Oscar Leone
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