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Estudió tecnología en diseño textil en la Universidad Autónoma del Caribe en Barranquilla (1984) y ciencia de la información y la documentación en la Universidad del Magdalena (2000). Se ha desempeñado como instructora de Artes Plásticas y bibliotecaria del Plan Nacional de Lectura y Bibliotecas, también ha participado en diversas actividades culturales en Aracataca. Pinta y escribe, herencia quizá de sus abuelos maternos, Ana Rosa y Alberto como también la sensibilidad y el respeto hacia los demás legado de sus abuelos especialmente de los paternos, Adolfo y Agustina.

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El tren que pasa todo el día por Macondo que ya no es Macondo

Luz Marina García

 

El tren pasa rápido frente a la Antigua Estación del Ferrocarril de Macondo. Deja atrás de sí, olvidados recuerdos y fantasmas del bullicioso pasado bananero. No recoge a nadie.

Este tren hiere la atmósfera y el suelo con su descomunal cuerpo metálico y causa mayor dolor en los sentidos de todo ser vivo. Es un monstruo chillón de 120 vagones y tres maquinas que muestra sus entrañas llenas de carbón; cual pestilente animalito expela un polvillo que tiñe de hollín su camino.

El tren ahora es carbonero. Su peso hace temblar la tierra y todo encima de ella. Las casa vecinas, herencia del antiguo Macondo, que nunca fueron antisísmicas, amenazan ruina. Su pito y mecanismo lastiman los oídos y el ánimo de los niños. Los animales huyen, cuando el tren transita por el pueblo, y se convierte en una larga muralla que lo divide en toda su extensión paralizando todo tráfico y comunicación. Los pobladores enmudecen, también los aparatos de televisión y radio, los teléfonos y los celulares.

En Macondo ya no se ven las mariposas amarillas revoloteando sobre la línea férrea, pero... es una sola línea y no un solo tren; son varios que van y vienen de día y de noche por esa línea y los que mandan quieren que sean dos. Entonces cunde el temor en la región del otro Macondo al pensar qué causará el cruce de estos monstruos por la doble línea. ¿Todo se duplicará? A los habitantes los acechan muchas pesadillas y, como en la tele, se preguntan ¿y ahora, quien podrá defendernos? Para ampliar esta historia hace falta un escritor que novele, un periodista que muestre o un técnico que mida y estudie el diario vivir del corredor férreo por que es muy probable que estas sencillas palabras no logren transmitir la experiencia diaria, frecuente, de sentir pasar los trenes.

Se necesita que usted tome, en cualquiera de sus estaciones, el tren de Macondo y se venga a vivir el nuevo ambiente y el actual repertorio de la tecnología conociendo el tren y el corredor férreo; mucho tiempo atrás quedaron los prodigios de Melquíades…

 

 

 

 

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