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Más que un fotógrafo, me gusta pensar en mi como un artista, y me gusta pensar en el artista como alguien que supera al formato; cuya mayor concernencia es la concreción del símbolo y la representación. De niño, por cuestiones de salud, no pude practicar ninguna disciplina deportiva. Así que, (supongo, a manera de compensar) abordé las artes, de una manera muy pueril y poco consciente; la música, el dibujo, la plastilina y los disfraces ocupaban mis tardes más que las tareas del colegio. Acabado el colegio, y un poco en contra del sabio consejo de mi Madre “Estudia artes Eduardo”, decía; me decidí por estudiar ingeniería. Por diametral que parezca, encontré en ello la estructura formal, el metodismo y la lógica del lenguaje, que suelen escasear en nuestras facultades de arte, pero encontré el vacío de la ausencia estética, esa otra manera de aproximar al fenómeno más allá de su uso meramente práctico, esa otra manera que acredita la emoción. Estuve estudiando cine, trabajé para la Fundación Tumbacuatro y como diseñador gráfico freelance, en esos días expuse “Absolut Revollo” en la Alianza Francesa, donde también he dictado cursos de fotografía. |